Recuerdo y homenaje al retiro de Dzogchen Longde con Fabio Andrico en Dzamling Gar, abril de 2026.

por Carlos García

Desde que oí hablar del retiro Dzogchen Longde con Fabio en Dzamling Gar, sentí una profunda llamada a asistir. Pero el océano del samsara contraatacó y me vi atrapada en una furiosa tormenta de trámites burocráticos cuyas caóticas corrientes y aparentes obstáculos acabaron por arrastrar -gracias al poder de la Transmisión- la barca de ruedas en la que habito justo detrás del Dzamling Gar Gönpa.

Llegué a las orillas del Gar después de la puesta de sol y, nada más aparcar, me encontré con un viejo amigo practicante que me preguntó si asistiría al retiro Dzogchen Longde. Le dije que me encantaría, pero que no recordaba cuándo era, y me contestó: “Empieza mañana”. ¡Fue perfecto! Lo tomé como una señal auspiciosa y asistí al retiro. Debo confesar que en los últimos tiempos, debido a diversos obstáculos internos y externos, había descuidado mi práctica y, en cierto modo, me había distanciado un poco del Gar; para resumirlo en una frase: “Me quedé en la duda”.

Aquel retiro fue una vuelta a casa en el sentido más profundo. Ya había recibido estas preciosas enseñanzas de Rinpoche en Tashigar Nore en dos ocasiones. La primera vez que las recibí fue increíble, y me dediqué a esta maravillosa práctica durante un tiempo, pero eso fue hace unos veinte años. Por aquel entonces, Rinpoche, en su infinita compasión, nos dio muchas prácticas y métodos que eran -y siguen siendo- verdaderos tesoros, cada enseñanza más profunda e interesante que la anterior, y me perdí probando un poco de todo. Era como ir a una fábrica de chocolate y empezar a probar todos los tipos y variedades, para acabar perdiéndome en un dulce torbellino de sabores.

Sin embargo, por alguna razón que no trato de comprender, el retiro con Fabio, en particular, me devolvió la frescura de aquellas primeras experiencias. Desempolvé los viejos libros que ni siquiera recordaba que tenía, el bastón que estaba en el fondo de una caja olvidada en un trastero, aquel viejo cinturón; también re-descubrí las grabaciones de los antiguos retiros, y cuando por fin, tras un poco de Yantra Yoga y el rushen de la voz, volví a sentarme a practicar Dzogchen Longde, la llama -que siempre estuvo ahí- se reavivó y brilló con la misma o incluso mayor intensidad que en los mejores tiempos. 

 

Fabio Andrico

Como todos sabemos, Fabio no es un practicante ramdom: durante los retiros en Tashigar Nore, Rinpoche le pedía que explicara las posturas en términos prácticos. Prueba de ello son todas las imágenes de los libros y vídeos sobre Dzogchen Longde, que demuestran lo privilegiados que hemos sido al tenerle como guía de esta práctica.

Durante el retiro, vimos algunos vídeos especialmente seleccionados de Rinpoche. Estudiamos y practicamos el guru yoga de Ngondzog Gyalpo y el de Vajrasattva. Por último, nos adentramos en la práctica del Dzogchen Longde. Fabio nos recordó la importancia de la respiración y del trabajo con los canales, tan característico del Longde Longsal. 

 

Estudiantes de longde

Andrico nos aconsejó, como un hermano mayor experimentado, sobre cómo llevar a cabo la práctica, tanto si hacíamos un retiro como si la convertíamos en nuestra práctica diaria principal. En resumen, con una generosidad parecida a la de Rinpoche, no se guardó nada, y recibimos las preciosas instrucciones una vez más con el corazón abierto.

Sólo me queda dar las gracias a Chögyal Namkhai Norbu, a Namkha Yeshi, a Fabio Andrico, a los gakyil de Dzamling Gar (especialmente a Matteo DelÁngelo), a Sebastíen, a Naomi, a Igor, a los gekö, a nuestros compañeros de profesión y a todos los que, de un modo u otro, han contribuido a hacer posible esta maravilla.

El retiro no se grabó en audio ni en vídeo, pero quedará grabado para siempre “en lo más profundo de nuestra sangre”, como diría el poeta venezolano Eugenio Montejo. Me gustaría citar uno de sus poemas como homenaje final a esta preciosa oportunidad:

Vuelve a tus Dioses más Profundos

Return to your deep gods;
they are intact,
they are at the bottom with their flames waiting;
no blow of time can extinguish them.
The silent, practical gods
hidden in the porosity of things.
You have rolled through the world more than any pebble;
you lost your name, your city,
clinging to fragmentary visions;
of so many hours, what do you retain?
The music of being is dissonant
but life goes on
and certain chords prevail.
The earth is round by desire
from so much gravity;
the earth will round out all things
each in its own time.
From so many voyages across the sea,
from so many nights at the foot of your lamp,
only these voices surround you;
decipher in them the echo of your gods;
they are intact,
they are crossing silently with their fish-like eyes
to the depths of your blood.

Eugenio Montejo

Una vez más: ¡Gracias, gracias, gracias!

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