“Siempre me traes muchos regalos en mi cumpleaños; ¡hoy quiero ofrecerte un regalo! ”

Era el 8 de diciembre de hace muchos años cuando nuestro Maestro nos dijo estas palabras. Nuestro venerable Merigar era aún muy joven, nuestra familia Vajra no era tan numerosa como ahora y los practicantes más antiguos éramos un poco más jóvenes.

Aquel día, el Maestro nos contó cómo sus padres habían deseado un hijo que no llegó y cómo habían pedido consejo a su gurú, el gran Adzom Drugpa, quien les sugirió que recurrieran a Tara. Rinpoche también nos contó que, al cabo de algún tiempo, su madre se enteró de su llegada a través de un sueño y cómo, finalmente, gracias a Tara llegó a esta dimensión para brillar, Joya del Cielo, iluminando a todos los seres.

Y así, tras explicarnos cómo su venida a este mundo, un acto de infinita generosidad, había estado mediada por la ilimitada compasión de Tara, aquel día nos ofreció su Regalo, precioso como todos sus regalos: la práctica de Tara Verde.

Desde aquel día, todos los años, el día de su cumpleaños, hemos hecho la práctica de Tara, sabiendo que nuestra Madre había pensado en nosotros y que, además de beneficiar a todos los seres de este globo, nos había enviado la Joya luminosa para que pudiéramos continuar un camino que comenzó hace muchas vidas.

Dentro de unos días volverá a ser 8 de diciembre. Hoy, después de tantos años y tantos acontecimientos, necesitamos más que nunca la compasión de nuestra madre Tara. Hoy más que nunca acudamos a ella con total confianza y devoción y que su omnipotente intervención nos ayude a continuar el camino iniciado y a no perder nunca la presencia del Gurú en el centro de nuestros corazones.

Nos encontraremos de nuevo en presencia de la Joya del Cielo, y un día nosotros, su Sangha, todos juntos como un montón de arroz, ¡podremos experimentar el final del camino!

Ana María Humeres

Tara Verde de Wilvin Pedersen. Guache sobre lienzo 2013

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