Este último mes ha sido una alegría absoluta, lleno de pies diminutos, grandes sonrisas y corazones abiertos. Tuve el increíble privilegio de seguir enseñando yoga Kumar Kumari a los maravillosos niños de la escuela de Castiglione d’Orcia (Italia), siguiendo el proyecto financiado por la Regione Toscana.
¡Qué lugar tan especial! La escuela en sí es hermosa y acogedora, pero lo que realmente la hace brillar son sus profesores, profundamente atentos, amables y tan dedicados a su oficio. Es inspirador trabajar en un entorno en el que el cuidado y la pasión por la educación son tan palpables.

Y los niños… ¡eran sencillamente encantadores! Cada sesión era una nueva aventura de descubrimiento, calma y energía lúdica.
Culminamos este hermoso proyecto con un taller especial. Fue muy emocionante ver a los niños expresar sus cualidades únicas y dibujar las cosas que más aprecian y los sentimientos que descubrieron que más les importan. Su creatividad y honestidad fueron un verdadero regalo.


Esta experiencia me recordó por qué hago lo que hago. Enseñar yoga consiste en plantar semillas, semillas de atención plena, autoconciencia y bondad. Ver cómo empiezan a brotar en estas jóvenes almas es la mayor recompensa.
Gracias de corazón al increíble personal de la escuela de Castiglione por haberme invitado de nuevo y a todos los pequeños yoguis brillantes que compartieron su luz. ¡Llevo conmigo vuestra alegría!
Dina Priymak
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