18 y 19 de abril de 2026

El 20 de abril de 2026, impartí un curso de la Danza Vajra que Beneficia a los Seres en Varsovia, Polonia. Como Comunidad, aquí nos encontramos en una situación muy particular -actualmente no hay ningún gakyil en Varsovia-, por lo que organizar el curso requirió un cuidado considerable, así como invitar a personas que no son miembros de la Comunidad. Por este motivo, pedí a Mateusz Cieplechowicz, un joven artista de 26 años, que aceptara convertirse en el Director del Proyecto de este curso, aunque formalmente no es miembro de la Comunidad Dzogchen. Mi intención era que el curso estuviera preparado y dirigido a nuevos participantes, especialmente jóvenes. Homenaje a mi Maestro Chögyal Namkhai Norbu y a mis Maestros de la Danza Vajra: Prima Mai, Adriana dal Borgo y Rita Renzi.

Ahora cedo la palabra a Mateusz, que escribió este artículo

Izabela Jaroszewska.

Izabela (izquierda) y Mateusz (autor)

Los días 18 y 19 de abril de 2026 se celebró en Varsovia (Polonia) un curso de la Danza Vajra de los Seis Espacios. Los preparativos del acto comenzaron con seis semanas de antelación, con el objetivo de llegar a un público lo más amplio posible. Mi intención particular era invitar a nuevos participantes -especialmente a los más jóvenes- y demostrar que la Danza Vajra del Mandala no es una práctica confinada a círculos cerrados o herméticos. Quería crear un formato abierto y accesible. Utilizamos las redes sociales, así como carteles expuestos por toda la ciudad, especialmente en espacios relacionados con el arte, la cultura, los centros de yoga y las comunidades estudiantiles.

El curso fue dirigido por Izabela Jaroszewska, para quien éste era el primer curso de Danza de los Seis Espacios que dirigía en Polonia. Lo dirigió con gran precisión y atención, de forma estructurada, introduciendo gradualmente cada elemento del movimiento. Primero los pasos, luego el ritmo y, por último, el mantra. Cada secuencia se desglosó en etapas, por separado para mujeres y hombres, lo que permitió a los participantes comprender claramente la estructura de la danza.

Izabela utilizó un lenguaje adaptado a las necesidades individuales de los participantes, ofreciendo instrucciones claras y útiles. Como resultado, todos fueron capaces de realizar la forma completa de forma independiente al final del curso.

En la vida cotidiana, casi todo puede dividirnos. Y aunque cada uno de nosotros tiene su propio ritmo, en la danza nos movemos de la misma manera. Esto también era visible en las relaciones entre los participantes: en su apoyo mutuo y su atención. Una persona me dijo que la presencia del profesor le ayudó a seguir la secuencia de pasos, lo que facilitó significativamente su proceso de aprendizaje. Para otros, la experiencia del curso fue profundamente transformadora. Las conversaciones con los participantes revelaron que algunos experimentaron una clara sensación de decisión surgida durante el curso.

Izabela enseñando

Para mí, el curso fue una experiencia de intensa purificación, a pesar de que practico esta danza desde hace cinco años. Lo experimenté con especial claridad, por primera vez, en el plano físico: durante las sesiones sentí una fuerte necesidad de beber agua y, al terminar, un acusado deterioro de mi bienestar. Sin embargo, estos síntomas pasaron al día siguiente. El curso, que hacía mucho tiempo que no se celebraba en la capital, se convirtió en una oportunidad para aportar nueva energía al desarrollo de la práctica de la Danza Vajra en Varsovia. Desde la perspectiva de un observador, veo que cada uno atraviesa este proceso a su manera. La prueba más conmovedora de la calidad del curso fue el compromiso de los participantes, visible en sus rostros, sus conversaciones y su movimiento consciente.

Mateusz Cieplechowicz

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